Ese cielo sin color, esa laxitud que camina a nuestro lado nos hace buscar con la mirada la levedad de la colina, con la luz que la ilumina. La luz da sentido a la vida y por ella vemos, las pequeñas y grandes maravillas. A medida crece nuestra luz personal, nuestro ser se ilumina y nuestro cuenco vacío se llena de alegría.

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