Cuando el tiempo parece haberse detenido, ha que ponerse andar para buscar porque: buscar es encontrar. Al andar también se puede soñar, ese sueño, que en algún momento de la vida lo dejamos en algún recodo de una playa solitaria.
Ahora que ha pasado el tiempo y volvemos con el cuerpo y el alma doloridos a la nostalgia de lo que fuimos, la playa nos recibe en silencio, solo el mar nos habla de los siglos de sus olas y sus besos perdidos, para recordarnos, que fuimos y aún somos amados y ese es el sueño mejor soñado.

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