Para asistir al concierto, nos vestimos de gala y nos olvidamos, que nosotros somos la orquesta y podemos oír la música en pijama y zapatillas. A veces nuestro concierto es, el desconcierto de no saber escuchar lo que sentimos y entonces nos pasamos a la música actual, esa que mueve el esqueleto y nada más.
Allí donde vayamos la música nos sigue y depende de nuestro estado sabremos si es: una sinfonía, una melodía o quizás tenga mucho, que ver con nuestra rebeldía...
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