Somos como el agua, que corre río abajo y no le queda otra alternativa que la de seguir su curso y no se preocupa ni se interroga. Otras veces solo somos una rueda impulsada a moverse. No pregunta a donde va, se impulsa y ella se pone en movimiento y gira sin descanso.
Debe ser terrible sentirse simple rueda, que en los días de sol y en las noches oscuras, va hacia adelante por un camino sin fin...
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