El pensamiento nunca está en nuestra misma línea. A él le gustan los atajos, los cruces de caminos y disuadirnos de lo que queremos pensar. Por eso nos llena de soluciones y problemas. Nosotros solo somos actores de sus sistemas. Él sabe como cerrarnos los ojos, al mismo tiempo, que se convierte en el gran problema.
El pensamiento insiste y resiste, haga sol o llueva y está atento a nuestros despistes. Es él el que nos pone cada día la película de: la idea fija.
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