A nuestra realidad, no le faltaba nada. Estaba el horizonte, la verde colina, el Sur y el Norte, pero a nuestro vacío le faltaba todo.
Fuimos enumerando las ansias de nuestra alma, no le faltaba nada, lo teníamos todo y aquí nos enfrentamos al reto de: aceptar la cantidad de vacíos, que nos quedan por llenar y es, que el todo a veces es nada.

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