Siempre quedan las huellas en los caminos donde anduvimos y todo cuanto sentimos en el camino y es a través del tiempo cuando revivimos la alegría, que hoy hemos perdido. La alegría contagiosa de correr junto a otros niños, la alegría de una amistad, que quizás hemos perdido. Siempre habremos de pensar, que aunque nada siga igual, siempre queda el camino del destino y aunque no sea el mismo podemos de alguna manera volver a lo que fuimos, llenar los ojos de luz y el corazón de optimismo.
Las huellas siempre quedan y en la noche más oscura las estrellas brillan en ese bosque, que es la vida. No podremos descansar hasta que podamos encontrar el verdadero sentido de lo vivido, que está precisamente en: un un cruce de caminos en lo que hoy somos y lo que fuimos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario